Nosotros.

Nuestra historia.

Cristóbal Matilla Rubio-Chavarri. 

Noviembre de 2021.

Desde mi infancia, tal vez porque la última etapa de mi vida va a continuar estando relacionada directamente con el campo, tanto la ganadería como la agricultura me han acompañado siempre. Y de un modo constante y definitivo, a partir del diecinueve de febrero de mil novecientos noventa y cinco.

Aquel día, en el transcurso de una reunión familiar, voluntariamente, tomé una determinación con la que dio comienzo la etapa de mi vida que a lo largo de veintiséis años he ido transitando, hasta conseguir materializar unas satisfacciones personales cuyas consecuencias y significado, día tras día, son y seguirán siendo entrañables para mí.

Mi padre, Cristóbal Matilla Serrano, mi abuelo Julio Matilla Pérez, mis bisabuelos Cristóbal Matilla Luque y Concepción Pérez Torres y mi tatarabuelo Félix Pérez Luque, han sido quienes desde el siglo XIX, me han precedido como agricultores de olivar tradicional en la finca matriz denominada «Leones», cuyo nombre es el mismo de la sierra que la delimita por el Este. Y desde que, gracias a Dios, conseguí concluir la adjudicación de la herencia de mis abuelos y disolver el indiviso existente sobre la finca, mi padre continúo a cargo únicamente del lote de «Minguillao», que resultó ser el que por sorteo le fue adjudicado. 

En mayo de 2014, cuando él volvió a precisar mi ayuda, no dudé en solicitar una excedencia en mi trabajo, trasladándome a vivir a Priego de Córdoba, para así poder dedicarme a colaborar con él en todo cuanto me solicitó, durante el tiempo que fue necesario. 

  • Fotografía – Mi abuelo detrás de mí, mi padre y yo.

Siendo entonces, durante la búsqueda de otra actividad agrícola complementaria con el olivar, cuando en el centro de cuatro besanas entre olivos de una de las parcelas de la finca, puse una plantación experimental de aloe vera. Lo que me permitió compartir, como años atrás lo había hecho con la ganadería, múltiples experiencias intrínsecas a la agricultura, que transitaron de las más ilusionantes expectativas a la más desoladora y frustrante impotencia, en este caso, provocada por las inexorables consecuencias que, a veces, genera la naturaleza en situaciones adversas. 

En el año 2018, nuestros excelentes empleados Juan Campaña y José Luis Jiménez, mi padre y yo, iniciamos un proyecto pionero en nuestra comarca con olivos de la variedad «Pajarero», destinados a producir el Aceite de Oliva Virgen Extra Monovarietal Pajarero, que a partir de finales de 2021 hemos comenzado a comercializarlo con nuestra marca «eoloe».  

Nuestro deseo habría sido hacerlo integrados en la Denominación de Origen Protegida Priego de Córdoba -D.O.P.-, la cual continúa siendo la más galardonada y de mayor prestigio a nivel mundial. Sin embargo, no resultó posible llevarlo a cabo, debido a que dicha D.O.P. únicamente certifica AOVE’s procedentes de las variedades picuda, hojiblanca y picual. Y aunque la pajarera está vinculada a la picuda, nuestra solicitud resultó denegada por no ajustarse a los requerimientos en vigor existentes entre la D.O.P. y la Unión Europea.

Tras el fallecimiento de mi padre, aunque la finca continúa perteneciendo a nuestra sociedad mercantil familiar, yo he asumido su administración y gestión. En este sentido, en colaboración con nuestros dos trabajadores de absoluta confianza para mí, estamos inmersos en otro proyecto a varios años vista, en el que si las precipitaciones son más generosas que las de los últimos años, confiamos en concluirlo con la mayor producción de aceitunas que nunca antes hayan proporcionado las parcelas de olivar que conforman este lote. Y de ahí en adelante, a medida que las nuevas plantaciones comiencen a incrementar sus producciones, nuestras previsiones son que progresivamente los resultados aumentarán hasta alcanzar las estimaciones que arrojaron los cálculos que realizamos. 

«Minguillao» está conformado por cincuenta hectáreas de monte bajo y setenta y siete hectáreas de olivar, con algunas parcelas cuyas pendientes superan el cuarenta y cinco por ciento, en las que mantenemos longevos, pero muy saludables olivos picudos y hojiblancos a no laboreo, para contener la erosión del terreno. 

En las restantes, seguiremos renovando las plantaciones conservando nuestra tradición con el marco de 8 x 8 metros, equivalente a una densidad de únicamente ciento cincuenta y seis olivos por hectárea. Ello, durante el periodo de recolección, seguirá haciendo viable el traslado y utilización de nuestra limpiadora y nuestra lavadora portátiles al lugar en el que se encuentre el tajo, junto a la satisfacción de proporcionarle trabajo cada campaña a una cuadrilla de aceituneros, que al menos hasta la fecha, siempre que los hemos necesitado han estado dispuestos a prestarnos su colaboración. 

Pertenecer a la quinta generación de una familia dedicada a la agricultura en Priego de Córdoba, lugar en el que sus olivares continúan produciendo un excelso Aceite de Oliva Virgen Extra, para mí es un entrañable privilegio. Haber iniciado la comercialización de nuestro AOVE Pajarero, también lo es. Y continuar contribuyendo al mantenimiento del olivar tradicional y de montaña, fundamentado en la conservación de varias tradiciones antiguas arraigadas a estas tierras, lo es mucho más aún.

En cuanto a lo que deparará el futuro, … Dios dirá.