Diseño original del logo de mi explotación ganadera.

HIERRO_Mesa de trabajo 1

Hierro de la explotación ganadera de ovino “La Nava”. Ganadero: Cristóbal Matilla Rubio-Chavarri.

El 19/02/1995, una decisión personal fue la causante de que veintiséis años después continúe vinculado directamente a las labores del campo.

Entonces comencé a dedicar progresivamente cada vez más tiempo a la ganadería y, en la actualidad, se lo concedo a tiempo completo a la agricultura.

De los veintiséis, en doce de ellos dediqué la práctica totalidad de mi tiempo libre a resolver, primero, la testamentaría de mis abuelos maternos y, poco tiempo después, la de mis abuelos paternos.

Gracias a Dios, he podido cumplir todos cuantos compromisos adquirí. Pero lo que me ha conllevado conseguirlo, sigue siendo y suponiéndome una cantidad de percepciones tan absolutamente contrapuestas unas con otras que, a veces, únicamente la fe, la paciencia y la esperanza adquiridas, son las que me arropan y me protegen ante la imprevisibilidad; y a la vez las que me exponen y obligan a perseverar en no distraer la atención ni el convencimiento, de que aunque reiterativamente todo aconseja abandonar, puede seguir siendo posible continuar albergando el convencimiento de que algo muy insignificante, pero enormemente reconfortante puede que llegue a acontecer. Aún sin saber, ni cómo, ni dónde, ni cuándo.

Cuando el 12/01/2014 dibujé mi logotipo, había conseguido llegar a ser propietario de un rebaño de mil ochocientas treinta cabezas de ganado ovino. Y alcanzado el convencimiento de que tras haber resuelto satisfactoriamente todos y cada uno de los problemas más graves y complejos a los que me había tenido que enfrentar en mi vida, sería posible iniciar el último trámite, para tras su conclusión, al fin, tanto los pastores: Paco, Nicolás y Franci, como yo, pudiésemos empezar a disfrutar y enorgullecernos de los resultados de una planificación y un trabajo desempeñados muy adecua y acertadamente.

Sin embargo, un año después, los trazos de unos bolígrafos sobre un documento de compraventa de tres sextas partes de la finca matriz, me defenestraron. Y tan solo unos meses después y totalmente en contra de mi voluntad, me vi obligado a vender todo el ganado, a asumir mi derrota, a tener que reconocer que se habían aprovechado de mi ingenuidad y de mi inexperiencia. Y a pesar de ello, aunque odiaba tener que hacerlo, debido a que diez años antes me comprometí a cumplir mi palabra, jamás olvidaré lo que sentí aquel 17/05/2005, cuando al anochecer salí de la finca siendo plenamente consciente de que muy bruscamente había finalizado una etapa de mi vida, a partir de la cual ya nada sería como yo hubiese deseado.

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